
Entonces llegas, tocas a mi puerta y me despiertas de un sueño inquieto.
Cuando voy a abrir, me doy cuenta de que te has ido ya.
Me siento en la banca de un jardín, y espero…
Espero impaciente que te acuerdes de mí, pero tú opinas que aún no es el momento.
Sin embargo, te diviertes creando espejismos, y ríes –traviesa-, cuando descubro que a quién he estado persiguiendo es a mi propia sombra.
Llenas mi corazón de rasguños, y robas a pedazos mi cordura.
Mis ojos, salados, se niegan a buscar más.
Ya no quiero saberte.
Voy a pretender que no escucho el revoloteo de tus alitas cada vez que te me acercas, y a partir de ahora, tu nombre no existirá más en mi vocabulario.
Como toda niña juegas, pero tu inocencia infantil es cruel, aunque tú no te des cuenta.
Vete y no regreses, ya no tienes nada qué hacer aquí.
Mejor vete
19 ene 2009 at 11:33 a.m. Posted under Etiquetas: Pensamientos
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