Mejor vete


Entonces llegas, tocas a mi puerta y me despiertas de un sueño inquieto.
Cuando voy a abrir, me doy cuenta de que te has ido ya.

Me siento en la banca de un jardín, y espero…
Espero impaciente que te acuerdes de mí, pero tú opinas que aún no es el momento.

Sin embargo, te diviertes creando espejismos, y ríes –traviesa-, cuando descubro que a quién he estado persiguiendo es a mi propia sombra.

Llenas mi corazón de rasguños, y robas a pedazos mi cordura.
Mis ojos, salados, se niegan a buscar más.

Ya no quiero saberte.

Voy a pretender que no escucho el revoloteo de tus alitas cada vez que te me acercas, y a partir de ahora, tu nombre no existirá más en mi vocabulario.

Como toda niña juegas, pero tu inocencia infantil es cruel, aunque tú no te des cuenta.

Vete y no regreses, ya no tienes nada qué hacer aquí.