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Ayer me encontré siendo el
modelo del hombre domado,
y por una extraña razón no me sentí mal,
al contrario, me dio mucha gracia.
Observaba con detenimiento las órdenes
que me indicaba mi domadora,
Para poder ejecutarlas al pie de la letra,
Y mientras lo hacia, todos a mi alrededor reían.
Esa pequeña personita me tiene fascinado.
Al terminar el juego recogí mi dignidad del piso y
fui a dormir